Resumen

El período de colonización y dominación española ha durado casi tres siglos, hasta el año 1821, cuando el México se liberó del yugo de la madrepatria adquiriendo la indipendencia. Este acontecimiento histórico fue colmo de significados para la clase creola que en aquel período alcanzó la completa emancipación, mientras que para la masa de los indígenas y de los pobres significó una explotación aún mayor, debido sobre todo al creciente liberalismo, y también una siempre mayor ruptura de su mundo sociocultural.

Los campesinos, emarginados de la vida política y privados de una conciencia nacional propia, se encerraron en las comunidades y volvieron a luchar contra los enemigos de siempre: las haciendas y la disolución de su cultura. Por lo general los años de la colonización y, luego, los de la indipendencia vienen considerados, respectivamente, como historia de Nueva España e historia de México, relegando en posiciones marginales, en cierto sentido fuera del curso de la historia, las vicisitudes de las poblaciones autóctonas consideradas como simples objectos de la administración colonial o de la conversión religiosa. Lo que nos las puede hacer percibir como sujetos históricos de primer plano son precisamente aquellas estrategias, brevemente analizadas en esta tesis, que ellos inventaron para recuperar y mantener su propia identidad cultural, garantizando su sobrevivencia hasta hoy. Los Mayas han demostrado una gran capacidad de absorción y adaptación a las nuevas costumbres las cuales han frecuentemente encontrado con facilidad nuevas interpretaciones y una constante recomposición en los esquemas tradicionales, con el resultado de haber logrado preservar, hasta hoy, una fuerte identidad étnica, no obstante las dominaciones que han fuertemente minado las bases de su cultura y que, en muchos casos análogos, han decretado la desaparición de otras culturas indígenas.

La más reciente de tales estrategias se puede considerar con certeza la lucha conocida como “guerra de castas”, que ha representado uno de los momentos más altos de la resistencia india contemporánea.

Estallada en 1857, la guerra de castas opuso indígenas y blancos en una despiadada lucha que llevó a la matanza de más de doscientos cincuenta mil individuos, es decir casi un tercio de la entera población de Yucatán. Aunque determinado por causas económicas y políticas, sobre todo por la tentativa de sustraer las tierras municipales a los indígenas de parte del nuevo gobierno liberista, el conflicto asumió muy pronto los rasgos de una insurrección generalizada dirigida al rescate étnico. No hubo conclusión sino hasta después de más de medio siglo, en 1901, aunque siguieron a aquella fecha otros episodios militares y la pacificación de los últimos grupos rebeldes tuvo lugar sólo en 1937. La rebelión Maya asumió desde el principio las características del movimiento milenario y la esfera del sagrado tuvo nuevamente un papel dominante en el catalizar los valores fundamentales que otorgaban sentido a la insurrección colectiva. Los grupos rebeldes se organizaron en torno a figuras de profetas, en su mayoría chamanos y sacerdotes, que tuvieron el mérito de encontrar de nuevo la justificación para las insurrecciones en aquel ámbito en que los conquistadores nunca habían podido acceder, o sea en el profundo de las creencias espirituales y religiosas antiguas (Bartolomé, 1988). Como se lee en los libros sagrados de Chilam Balam, que fueron la constante referencia ideológica de la lucha, las lágrimas de los indígenas habían llegado hasta Dios y habían empezado los días de la venganza. Tales movimientos políticos religiosos llegaron a ser totalizadores con el desarrollo del culto de la “Cruz Parlante”: una cruz descubierta en un cenote capaz de hablar al pueblo elegido por Dios para luchar contra los blancos y para la cual fue construido un santuario a Chan Santa Cruz, la actual Carrillo Puerto. Ese lugar se convirtió en el cuartel general de los indios conocidos después como cruzobs y refugiados en estos territorios del noreste, en el actual estado de Quintana Roo.

Durante más de cincuenta años los cruzobs mantuvieron el control de un territorio que crecía o disminuía según los sucesos de una guerra sorda y terrible. Entre una batalla y la otra, hallaron la manera de construir su sociedad, intento de regreso a las orígenes y al mismo tiempo singular respuesta a los estímulos de la modernidad. En 1901, un cuerpo de expedición procedente de Ciudad de México alcanzó en fin a ocupar el territorio cruzob, enseguida convertido en colonia penal. Pero, aún en 1935, en el curso de una investigación, el antropólogo Villa Rojas descubrió que en X-Cacal seguía existiendo la antigua estructura teocrático-militar al comando de la cual había un anciano de unos 70 años (Nohoch Tata), nieto del que casi ochenta años antes, había fundado la histórica plaza fuerte de Chan Santa Cruz.

A pesar de que la larga guerra no liberó a los Mayas de la sumisión, la misma fue determinante para fortalecer, gracias sobre todo a sus aspectos espirituales, la identidad cultural indígena que justo en esos años vivió un importante momento de reapropiación cultural sin que ello significase, inevitablemente, un regreso al mundo prehispánico. En la afortunada definición de Bartolomé (una cultura de resistencia que intenta mantener la continuidad, restructurada, pero vivida como propia) se halla la importancia de entender aquellos años de lucha como un momento de reapropiación de sí mismos, de la vida de comunidad y de las expresiones simbólicas. Y es precisamente en este “renacimiento comunitario” donde podemos volver a encontrar el origen de muchas de las costumbres y de los rituales que todavía hoy observamos en el interior de la región maya.

Las insurrecciones armadas, relativamente poco numerosas si consideramos la dureza de las condiciones de vida de la gente indígena en México, no agotaron en cualquier caso las vías de la resistencia. Además de ellas, siempre han existido una serie de fenómenos menos llamativos pero no por ello menos profundos, que van desde el nagualismo ( nagual , en nahuatl forma animal que personifica el alma humana), el teatro religioso y profano, la literatura popular, hasta la música y la danza. Algunos estudiosos individuan justo en estas manifestaciones las principales expresiones de la resistencia indígena. Siendo formas de disidencia indirecta, eludían con mayor facilidad la mirada del inquisidor y la no menos atenta del militar. De esa forma, la inocua representación de la pasión de Cristo, el Baile de la Conquista o las comedias que dramatizaban las gestas de los santos podían convertirse en temibles escenificaciones de una sátira del presente. Los romanos se transforman en españoles, ladinos o, según los casos, en capitalistas; los fariseos en los gobernantes del momento; Cristo en el redentor del pueblo oprimido y los santos en expertos conspiradores. Las autoridades, tanto seculares como religiosas, siempre han visto con desconfianza dichas mezclas ambiguas de sagrado y profano, pero non han podido hacer otra cosa que dejar abiertos estos espacios de autonomía popular. Detrás del variopinto desfile de santos subversivos, hombres-dios y cruces que hablan, se mantenía la esperanza de cambio del pueblo maya, dejada en manos de mitos y fuerzas sagradas a causa de la incapacidad de actuar de manera más eficaz. Si se nos pregunta a qué sea debida la persistencia a través de los siglos de una identidad constantemente agredida y acosada por fuerzas disolventes, no se puede evitar admitir que el apego al pasado, a la tradición y al mito han sido manifestaciones de una obstinación irreducible. Sus expresiones pueden parecer fantásticas o irracionales, pero expresaron una respuesta colectiva en una situación en la que los problemas reales no podían resolverse con otros medios.

En el presente, a distancia de siglos de las luchas de resistencia a la invasión y a la colonización de la que más tarde se convertiría en la América española primero, y en inglésa y americana después, los héroes, hechos y movimientos sobreviven no sólo en el mito y en las crónicas, sino también en las sociedades nacidas de la conquista. Esta gloriosa historia de resistencia, a veces violenta debido a su desesperación, que fue sobre todo un intento de sobrevivencia al orden colonial, se vislumbra en las actuales formas de protesta del segmento indígeno. También entre los Mayas las peticiones étnicas fueron fundiéndose poco a poco con las más evidentemente sociales, tanto por el profundo cambio en la composición de la población, debido al mestizaje y a la fusión entre los diferentes grupos autóctonos, como por la creciente alfabetización de México. La protesta neo-zapatista que ha acalorado a los chiapanecos en el último decenio, y que todavía ahora encoleriza bajo el liderazgo del ‘subcomandante insurgiente' Marcos, representa entre otras cosas, un claro ejemplo de esta adaptación a las nuevas peticiones de emancipación por parte de los instigadores de la defensa de la identidad autóctona.

Es el México profundo de las civilizaciones indígenas, de los mitos, de la miseria y de la esperanza que vuelve a imponerse a través del EZLN (Ejército zapatista de liberación nacional) que, en todos los rincones de la República Mexicana, presenta la propuesta, tremendamente actual, de construir un país multi-cultural y multi-étnico que ponga por fin remedio a injusticias seculares.

 

A través de nosotros hablarán los que no poseen nada, los condenados al silencio y a la ignorancia, los expulsados de la historia, los hombres y las mujeres de buena voluntad que percorren mundos de dolor y de rabia, los niños y los ancianos muertos de soledad, las mujeres humilladas. Hablarán los muertos, nuestros muertos, tan solos y tan olvidados, y a pesar de ello tan vivos en nuestra voz y en nuestros pasos. Iremos a exigir el derecho y la razón para todos, no solo para nosotros: libertad, justicia y democracia. Que tanta muerte no sea inútil, que en nuestra tierra vuelva la verdad.

 

Con estas palabras llenas de poesía, un delegado zapatista dió inicio a las negociaciones de paz con los representantes del gobierno federal. Negociaciones difíciles: preanuncio de un nuevo pacto social que permita reconciliar al México “occidental” con el “indio” o preludio de una nueva guerra civil de proporciones terribles.

Para concluir este discurso sobre las estrategias de la resistencia india, me parece curioso recordar que el cómputo largo que regulaba el tiempo de los Mayas en el pasado se desarrollaba siguiendo la evolución de un ciclo de 5128 años que, empezado el 13 de agosto de 3113 a . C., terminará el 23 de dicembre de 2012: a la luz de las dinámicas analizadas, ¿es arriesgado pensar en una próxima insurrección general en Yucatán en correspondencia con esa fatídica fecha?


Conclusione

Il periodo di colonizzazione e dominazione spagnola ebbe una durata di circa tre secoli, sino al 1821, data in cui il Messico si liberò dal giogo della madrepatria e acquisì l'indipendenza. Tale evento storico fu denso di significati per la classe creola che in quel periodo raggiunse una piena emancipazione, mentre per la massa dei nativi e dei poveri significò uno sfruttamento ancora maggiore, dovuto soprattutto al crescente liberalismo, e una sempre maggior rottura del loro mondo socioculturale.

I contadini, emarginati dalla vita politica e privati di una propria coscienza nazionale, si rinchiusero nelle comunità e tornarono a lottare contro i nemici di sempre: l' hacienda e la dissoluzione della loro cultura. In genere gli anni della colonizzazione e, successivamente, quelli dell'indipendenza vengono considerati, rispettivamente, come storia della Nuova Spagna e storia del Messico, relegando in posizioni marginali, in un certo senso fuori del corso della storia, le vicende delle popolazioni autoctone viste come semplici oggetti dell'amministrazione coloniale o della conversione religiosa. Ciò che ce le può far percepire come soggetti storici di primo piano sono proprio quelle strategie, brevemente analizzate in questo scritto, che essi escogitarono per recuperare e mantenere la propria identità culturale, garantendone la sopravvivenza sino ad oggi. I Maya hanno dimostrato una grande capacità di assorbimento ed adattamento ai nuovi costumi che hanno spesso trovato con facilità nuove interpretazioni ed un costante riaccomodamento negli schemi tradizionali, con il risultato di riuscire a preservare, fino ad oggi, una forte identità etnica, nonostante le dominazioni che hanno pesantemente minato le fondamenta della loro cultura e che, in molti casi analoghi, hanno decretato la scomparsa di altre culture indigene. La più recente di tali strategie è da considerarsi con certezza la lotta nota come “guerra de castas” , che ha rappresentato uno dei momenti più alti della resistenza india contemporanea. Scoppiata nel 1847, la guerra de castas oppose indigeni e bianchi in una spietata lotta che portò all'uccisione di più di duecentocinquantamila individui, ovvero quasi un terzo dell'intera popolazione dello Yucatán. Sebbene determinato da cause economiche e politiche, soprattutto dal tentativo di sottrarre le terre comunali ai nativi da parte del neo governo liberista, il conflitto assunse ben presto i connotati di un'insurrezione generalizzata tesa al riscatto etnico. La sua conclusione non si ebbe che dopo più di mezzo secolo, nel 1901, anche se seguirono a quella data altri episodi militari e la pacificazione degli ultimi gruppi ribelli avvenne solo nel 1937. La ribellione maya assunse sin dal principio le caratteristiche del movimento millenaristico e la sfera del sacro ebbe nuovamente un ruolo dominante nel catalizzare i valori fondamentali che conferivano senso all'insurrezione collettiva. I gruppi ribelli si organizzarono intorno a figure di profeti, in maggioranza sciamani e sacerdoti, che ebbero il merito di ritrovare la giustificazione per le insurrezioni in quell'ambito nel quale i conquistatori non avevano mai potuto accedere, ovvero nel profondo delle credenze spirituali e religiose antiche (Bartolomé, 1988). Come si legge nei libri sacri del Chilam Balam, che furono il costante riferimento ideologico della lotta, le lacrime degli indigeni erano arrivate fino a Dio ed erano cominciati i giorni della vendetta. Tali movimenti politico-religiosi divennero totalizzanti con lo sviluppo del culto della “Cruz Parlante” : una croce ritrovata in un cenote capace di parlare al popolo scelto da Dio per lottare contro i bianchi e per la quale fu costruito un santuario a Chan Santa Cruz, l'odierna Carrillo Puerto. Tale luogo divenne il quartier generale degli indios, conosciuti in seguito come cruzobs e rifugiati in questi territori del nord-est, nell'attuale stato di Quintana Roo.

Per più di cinquant'anni i cruzobs mantennero il controllo di un territorio che cresceva o diminuiva a seconda delle vicende di una guerra sorda e terribile. Tra una battaglia e l'altra, trovarono il modo di costruire la loro società, tentativo di ritorno alle origini e contemporaneamente singolare risposta alle spinte della modernità. Nel 1901, un corpo di spedizione proveniente da Città del Messico riuscì infine ad occupare il territorio cruzob , subito convertito in colonia penale. Ma, ancora nel 1935, nel corso di una ricerca, l'antropologo Villa Rojas scoprì che a X-Cacal continuava ad esistere l'antica struttura teocratico-militare a capo della quale vi era un anziano di circa 70 anni (Nohoch Tata), nipote di colui che, quasi ottant'anni prima, aveva fondato la storica piazzaforte di Chan Santa Cruz.

Anche se la lunga guerra non liberò i Maya dalla sottomissione, essa fu determinante nel fortificare, grazie soprattutto ai suoi aspetti spirituali, l'identità culturale indigena che proprio in questi anni visse un importante momento di riappropiamento culturale senza che questo significasse, inevitabilmente, un ritorno al mondo preispanico. Nella felice definizione di Bartolomé (una cultura di resistenza che cerca di mantenere la continuità, ristrutturata, ma vissuta come propria) risiede l'importanza di intendere quegli anni di lotta come un momento di riappropriamento di se stessi, della vita di comunità e delle espressioni simboliche. Ed è proprio in questa “rinascita comunitaria” che possiamo ritrovare l'origine di molte delle usanze e dei rituali che osserviamo oggi all'interno della regione maya.

Le insurrezioni armate, relativamente poco numerose se consideriamo la durezza delle condizioni di vita della gente indigena in Messico, non esaurirono comunque le vie della resistenza. Oltre ad esse, esistettero sempre una serie di fenomeni meno appariscenti però non meno profondi, che vanno dal nagualismo ( nagual , in nahuatl forma animale che personifica l'anima umana) al teatro religioso e profano, alla letteratura popolare fino alla musica e alla danza. Alcuni studiosi individuano proprio in queste manifestazioni le principali espressioni della resistenza indigena. Essendo forme di dissidenza indiretta, eludevano più facilmente lo sguardo penetrante dell'inquisitore e quello non meno attento del militare. Così, l'innocua rappresentazione della passione di Cristo, il Baile de la Conquista o le commedie che drammatizzavano le gesta dei santi potevano convertirsi in temibili messe in scena di una satira del presente. I romani si trasformano in spagnoli, ladinos o, a seconda dei casi, in capitalisti; i farisei nei governanti del momento; Cristo nel redentore del popolo oppresso ed i santi in esperti cospiratori. Le autorità, tanto secolari quanto religiose, hanno sempre visto con sospetto tali ambigue mescolanze di sacro e profano, però non hanno potuto fare altro che lasciare aperti questi spazi di autonomia popolare. Dietro la variopinta sfilata di santi sovversivi, uomini-dei e croci parlanti si manteneva la speranza di cambiamento del popolo maya, affidata a miti e forze sacre a causa dell'incapacità di agire in maniera più efficace. Se ci si chiede a cosa si debba la persistenza attraverso i secoli di un'identità costantemente aggredita e incalzata da forze dissolventi, non si può fare a meno di ammettere che l'attaccamento al passato, alla tradizione e al mito furono manifestazioni di un'ostinazione irriducibile. Le sue espressioni possono sembrare fantastiche o irrazionali, però espressero una risposta collettiva in una situazione in cui i problemi reali non potevano risolversi con altri mezzi.

Ai giorni nostri, a distanza di secoli dalle lotte di resistenza all'invasione e alla colonizzazione di quella che diventerà l'America spagnola prima, inglese e americana poi, eroi, fatti e movimenti sopravvivono non solo nel mito e nelle cronache, ma anche nelle società nate dalla conquista. Questa gloriosa storia di resistenza, talvolta violenta perché disperata, che fu soprattutto un tentativo di sopravvivenza all'ordine coloniale, traspare nelle attuali forme di protesta del segmento indigeno. Anche tra i Maya le istanze etniche sono andate via via fondendosi con quelle più spiccatamente sociali, sia per il profondo cambiamento nella composizione della popolazione, dovuto al meticciaggio e alla fusione tra i vari gruppi autoctoni, sia per la crescente alfabettizzazione del Messico. La protesta neo-zapatista che ha infiammato i chiapanechi nello scorso decennio, e che tuttora imperversa sotto il liderazgo del subcomandante insurgiente Marcos, rappresenta tra l'altro un chiaro esempio di questo adattamento alle nuove istanze di emancipazione da parte dei fautori della difesa dell'identità autoctona.

È il México profundo delle civiltà indigene, dei miti, della miseria e della speranza che torna ad imporsi attraverso l'EZLN (Ejército zapatista de liberación nacional) che, in tutti gli angoli della Repubblica Messicana, avanza la proposta, tremendamente attuale, di costruire un paese multi-culturale e multi-etnico che ponga infine rimedio a ingiustizie secolari.

 

Attraverso di noi parleranno coloro che non posseggono nulla, i condannati al silenzio e all'ignoranza, gli espulsi dalla storia, gli uomini e le donne di buona volontà che percorrono mondi di dolore e rabbia, i bambini e gli anziani morti di solitudine, le donne umiliate. Parleranno i morti, i nostri morti, tanto soli e dimenticati e tuttavia tanto vivi nella nostra voce e nei nostri passi. Andremo a esigere il diritto e la ragione per tutti, non solo per noi: libertà giustizia e democrazia. Che tanta morte non sia inutile, che nelle nostre terre torni la verità.

 

Con queste parole cariche di poesia, un delegato zapatista diede inizio alle trattative di pace con i rappresentanti del governo federale. Trattative difficili: preannuncio di un nuovo patto sociale che permetta di riconciliare il Messico “occidentale” con quello “indio” o preludio a una nuova guerra civile di proporzioni terribili.

Per concludere questo discorso sulle strategie della resistenza india, mi pare curioso ricordare che il computo lungo che regolava il tempo dei Maya in passato si svolgeva seguendo l'evoluzione di un ciclo di 5128 anni che, iniziato il 13 agosto 3113 a . C., terminerà il 23 dicembre 2012: alla luce delle dinamiche analizzate è azzardato pensare a una prossima insurrezione generale nello Yucatán in corrispondenza di quella fatidica data?